El valor de la vida
como eje basal para el aprendizaje.
Estimadas comunidades educativas, a los queridos colegas de nuestra comuna de Tomé, de la provincia de Concepción y de todo nuestro país; como también, a los de las distintas redes pedagógicas de EPJA, a los padres, apoderados, tutores y muy especialmente, a nuestros estudiantes, que son el corazón y la razón de nuestra existencia profesional.
Hoy no les hablo solamente como Docente Directivo, les hablo como un profesor que ha dedicado su vida a creer que el aula es el lugar más sagrado de la sociedad y como ciudadano de ésta, me encuentro muy consternado con el alma sobrecogida, pero con la voluntad intacta.
Estamos atravesando días oscuros en la Educación Chilena. Las noticias nos devuelven imágenes de violencia que nos desgarran, aulas que deberían ser refugios de sueños se han transformado en escenarios de conflicto y de terror. Si algo les puedo decir con plena convicción es que ninguna estructura administrativa, ningún currículum de excelencia y ninguna métrica de evaluación tienen sentido si primero no garantizamos el derecho humano fundamental de vivir y aprender en paz.
Sé que a menudo nos desvivimos por alcanzar las máximas coberturas curriculares y los más altos estándares de aprendizaje, pero hoy la emergencia nacional nos exige volver a lo esencial. El currículum más urgente no se encuentra solo en los contenidos, sino por el contrario, en el corazón de la convivencia educativa.
La educación debe ser, ante todo, un ejercicio de humanidad. No sacamos nada con formar técnicos o profesionales brillantes si no hemos formado primero seres humanos capaces de conmoverse ante el dolor ajeno. El respeto a la vida y a la integridad del otro, debe ser nuestro valor intransable a la hora de alcanzar una “nota mínima” para convivir y por supuesto, la erradicación de la violencia no es una tarea que la escuela pueda cumplir en soledad, cotidianamente la vemos en los pasillos y muchas veces, son el reflejo y eco de una sociedad que ha olvidado cómo dialogar, como valorar y como respetar.
• A los padres y familias: Les pido que vuelvan a la escuela. Necesitamos que el respeto que enseñamos en la sala se refuerce en la mesa del comedor día tras día. Recuerden que ustedes son los primeros educadores del futuro de sus hijos.
• A mis colegas: Sé que están cansados, el miedo a veces toca la puerta de la sala, pero nuestra vocación es el aliciente para seguir luchando diariamente. No renunciemos a educar con el ejemplo.
• A los estudiantes: Ustedes no son el problema, son la solución. La rebeldía más valiente hoy no es la que destruye, sino la que se atreve a ser empática en un mundo indiferente. La verdadera fuerza no está en el puño, sino en la palabra que construye puentes de acuerdos y entendimientos.
Como Director del CEIA Poeta Alfonso Mora, he visto cómo la educación de jóvenes y adultos transforma vidas, como segundas y terceras oportunidades florecen cuando hay un ambiente de respeto y valoración. Si hemos logrado reconstruir sueños aquí, podemos hacerlo en todo el país.
Por tanto, hablemos claro, “Basta ya de violencia en todas sus formas”. Ni física, ni verbal, ni simbólica. Que el grito sea de alegría por aprender, no de dolor por una agresión. Hagamos un pacto hoy: volvamos a mirarnos a los ojos, recuperemos la capacidad de discrepar sin destruir. Pongamos los valores fundamentales —la solidaridad, la justicia y el respeto absoluto por la vida de las personas— en el centro de nuestra gestión educativa. Porque si la educación falla en enseñar a amar la vida, habremos fallado como sociedad. Pero mientras haya un profesor de pie y una comunidad unida, hay esperanza.
¡Por una educación que sea cuna de paz y no reflejo de violencia!
¡Unidos por nuestros estudiantes, unidos por la vida!
Cristian Navarro Rojas
Director
CEIA POETA ALFONSO MORA DE TOMÉ












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